Cuando una intervención médica no tiene el resultado esperado, es habitual que surjan dudas sobre si la atención recibida fue correcta. Un diagnóstico tardío, una complicación después de una operación o un tratamiento que no funciona pueden generar preocupación, especialmente cuando aparecen secuelas que afectan a la vida cotidiana.
Sin embargo, no todos los resultados desfavorables constituyen una negligencia médica. Para determinar si existe responsabilidad sanitaria es necesario analizar las circunstancias del caso, la actuación de los profesionales y la relación entre esa actuación y el daño producido.
Conocer los pasos iniciales ayuda a conservar la documentación y valorar las posibilidades de reclamación.
¿Cuándo puede existir una negligencia médica?
Una negligencia médica puede producirse cuando la actuación sanitaria se aparta de los estándares profesionales exigibles y ocasiona un daño jurídicamente relevante al paciente.
En este ámbito se utiliza el concepto de lex artis ad hoc, que hace referencia a las reglas de buena práctica médica aplicables a una situación concreta.
Para valorar una posible negligencia se estudian las circunstancias existentes cuando se prestó la asistencia, no únicamente el resultado final.
Por ejemplo, una complicación conocida puede aparecer pese a que se hayan seguido correctamente los protocolos. En cambio, ignorar determinados síntomas de alarma o cometer un error evitable podría justificar una investigación.
1. Solicitar la historia clínica completa
Uno de los primeros pasos consiste en obtener la documentación relacionada con la asistencia sanitaria.
La Ley 41/2002 reconoce el derecho del paciente a acceder a su historia clínica y obtener copia de sus datos, con las limitaciones legalmente establecidas.
Es recomendable solicitar informes de urgencias, pruebas diagnósticas, resultados de laboratorio, documentos quirúrgicos, tratamientos prescritos e informes de alta.
En determinadas situaciones también pueden resultar importantes los registros de enfermería, las hojas de evolución y otros documentos asistenciales.
La solicitud debe dirigirse al centro correspondiente y conviene conservar el justificante de presentación.
2. Elaborar una cronología de los acontecimientos
Después de reunir los documentos, resulta útil ordenar los hechos cronológicamente.
El objetivo es identificar cuándo aparecieron los síntomas, qué consultas se realizaron, qué pruebas se solicitaron y cómo evolucionó el estado del paciente.
Esta información puede ser especialmente relevante en casos de diagnósticos tardíos.
Por ejemplo, si una persona acudió varias veces a urgencias antes de detectar una enfermedad, será necesario estudiar qué manifestaciones presentaba en cada visita y si las decisiones médicas fueron adecuadas.
La cronología debe basarse en información verificable, diferenciando los hechos documentados de los recuerdos personales.
3. Analizar si existe relación entre la actuación médica y el daño
La existencia de un error no implica automáticamente que proceda una indemnización.
Es necesario estudiar si el comportamiento sanitario provocó el daño, contribuyó a agravarlo o privó al paciente de una oportunidad real de obtener un resultado más favorable.
Este análisis puede resultar complejo porque muchas enfermedades evolucionan incluso cuando reciben una atención adecuada.
Por ello, debe diferenciarse el daño derivado de la propia patología de aquel que pueda relacionarse con una actuación incorrecta.
También puede ser necesario valorar la existencia de una pérdida de oportunidad terapéutica, atendiendo a sus circunstancias concretas.
4. Contar con una valoración pericial médica
El informe pericial es una herramienta fundamental en numerosas reclamaciones sanitarias.
Un especialista puede revisar la documentación, analizar las decisiones clínicas y determinar si existen elementos que indiquen una desviación de la práctica médica exigible.
También puede estudiar la relación causal y las posibles secuelas.
La especialidad del perito debe ser adecuada a los hechos investigados. Una intervención traumatológica, una complicación obstétrica y un diagnóstico neurológico presentan cuestiones técnicas diferentes.
Una valoración independiente permite distinguir entre una sospecha razonable y una reclamación con fundamento médico.
5. Diferenciar la sanidad pública de la privada
La vía para reclamar depende, entre otros factores, de quién prestó la asistencia y de la relación jurídica existente.
Cuando el daño se atribuye a un servicio sanitario público, normalmente se analiza la responsabilidad patrimonial de la Administración.
En cambio, las reclamaciones relacionadas con asistencia sanitaria privada pueden tramitarse por la vía civil, según las circunstancias y los sujetos responsables.
Esta diferencia afecta al procedimiento, a los plazos y a la documentación jurídica necesaria.
También deben estudiarse situaciones en las que intervienen aseguradoras, centros concertados o varios profesionales.
6. ¿Dónde debe presentarse una reclamación sanitaria?
El lugar donde se produjo la asistencia puede determinar qué administración, órgano o tribunal resulta competente, pero no cambia por sí solo los criterios esenciales para valorar una mala praxis.
En Castilla-La Mancha, por ejemplo, una persona que busque un abogado de negligencias médicas en Ciudad Real debería comprobar primero si la atención procedía de un centro público o privado y qué documentación necesita reunir.
En Madrid también existen situaciones diversas. Antes de buscar abogados de negligencias médicas en Madrid, conviene identificar correctamente el centro, las fechas de asistencia y las posibles entidades responsables.
Lo mismo sucede con las consultas sobre abogados de negligencias médicas en Albacete, donde el análisis debe centrarse en los hechos del caso y la vía jurídica correspondiente, no únicamente en la ubicación del hospital.
7. ¿Cuánto tiempo existe para reclamar?
Los plazos de prescripción son especialmente importantes porque pueden impedir una reclamación aunque existan indicios de responsabilidad.
En responsabilidad patrimonial sanitaria, el artículo 67 de la Ley 39/2015 establece, con carácter general, un plazo de un año. En daños físicos o psíquicos, su cómputo se vincula a la curación o a la determinación del alcance de las secuelas.
En la asistencia privada, el plazo depende de la naturaleza contractual o extracontractual de la acción, entre otras circunstancias jurídicas.
No debe suponerse que todos los casos disponen del mismo plazo ni que comienza necesariamente el día de la intervención.
Por eso, resulta importante revisar cuanto antes las fechas relevantes.
8. Qué daños pueden valorarse en una reclamación
Cuando existe responsabilidad acreditada, la valoración económica puede considerar diferentes consecuencias del daño sanitario.
Entre ellas pueden encontrarse las lesiones, las secuelas permanentes, los gastos asistenciales futuros, determinadas pérdidas de ingresos y otras repercusiones justificadas.
La cuantificación debe adaptarse al caso y a las reglas jurídicas aplicables.
No existe una indemnización fija para cada diagnóstico o tipo de intervención.
También es necesario aportar pruebas que permitan acreditar los perjuicios reclamados.
Errores frecuentes antes de iniciar una reclamación
Uno de los errores más habituales es limitarse a presentar una queja sin comprobar sus efectos jurídicos.
Otro consiste en esperar demasiado tiempo para solicitar la historia clínica o consultar los plazos de prescripción.
También conviene evitar conclusiones basadas exclusivamente en opiniones informales o información encontrada en internet.
El análisis de una posible negligencia requiere estudiar documentación clínica, circunstancias médicas y requisitos legales.
Conclusión
Reclamar una posible negligencia médica exige mucho más que demostrar que el tratamiento tuvo un resultado negativo.
La historia clínica, la cronología de los hechos, la valoración pericial y la identificación de la vía jurídica constituyen elementos esenciales para determinar si existe fundamento para reclamar.
Actuar de manera ordenada permite proteger los derechos del paciente, conservar las pruebas y tomar decisiones basadas en información médica y legal contrastada.
